Atahualpa Yupanqui, el mito y el hombre, son los protagonistas de “Atahualpa Yupanqui, un trashumante”, documental sobre la música y la historia de un artista total.
La película, dirigida por Federico Randazzo Abad, se estrenó ayer y se puede ver en el porteño Cine Gaumont en tres funciones (16, 17.50 y 22) hasta el miércoles. Y nace de una vivencia personal: “Cuando tenía 8 años, Atahualpa me sentó en su falda y me retó por estar jugando mientras él hablaba. Estábamos en el patio de la casa de mis abuelos, en una de las derivas de la relación de mi padre con Yupanqui. Treinta años después, el fruto de esa relación me puso frente a un centenar de cassetes, cintas abiertas, beta, u-matic, M9000, fílmicos, cartas, postales que fueron de Atahualpa y en muchos casos sobrevivían a décadas de ostracismo”, cuenta el realizador.
Es que el documental se gestó ante la inquietud de digitalizar archivos en variados soportes que acumulaba Roberto “Coya” Chavero, el único hijo del matrimonio con Nenette. “Él preside la Fundación Atahualpa Yupanqui que sostiene el Museo Agua Escondida en lo que fue la casa de la familia en Cerro Colorado. Allí pudimos acceder a los archivos personales de Atahualpa, que fueron generando las condiciones y los insumos para realizar la película”, explica.
“Esos archivos nos permitieron asomarnos al universo de una de las piedras sagradas del panteón de la cultura argentina. El deseo, entonces, fue poner a circular la voz y las canciones de Atahualpa confiando en esa misteriosa forma ancestral de compartir la cultura, que a veces se parecía a un reto”, relata Randazzo Abad.
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